Quién no se ha quejado de los grupos de WhatsApp que proliferan y, paradójicamente, desincentivan nuestra lectura, seguimiento y participación: desde grupos familiares (primer núcleo, ampliado, de primos, colegio y actividades de hijos, etc), de amigos y conocidos (en diversas instancias de nuestra vida -secundario, facu, «la banda», deporte, algún nombre alusivo, etc), laborales (actual -por sector, piso, área y general- y pasado), profesionales (de información, consulta, colaboración y temas en común) e incluso miembros duplicados en ellos.
Sepamos discernir, valorar e interactuar con aquellos que nos esbocen una sonrisa, nos incentiven a pensar, nos llenen el alma, gratifiquen nuestro sentido de pertenencia y empatizar con el otro cuando lo necesita.
Dios les bendiga y nos ilumine el camino elegido
«Alégrense con los que están alegres, y lloren con los que lloran.» (Romanos 12:15)









